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Madres, crianza y culpabilidad

La mujeres tienen una posición difícil al ejercer la crianza de los hijos, sobre todo si uno de ellos tiene problemas para regular su conducta (por ejemplo, en casos de TDAH). Normalmente, el papá suelen desentenderse un poco más de todo esto. Se asume por lo general que la educación, la crianza y la salud de los niños es asunto de las mujeres.

A menudo las madres se sienten culpables si sus hijos se portan mal en casa o si les va mal en la escuela. Con frecuencia se preguntan si están haciendo bien las cosas, o si son buenas madres. El papá, en cambio, rara vez se siente culpable por esto, y no se cuestiona si estará haciendo algo mal en su papel de padre. Casi nunca llega a pensar que es un mal padre. Más bien, el padre suele culpar a la madre por la mala conducta de los hijos, lo cual termina generando problemas en la relación de pareja y reforzando las ideas negativas que estas mujeres tienen acerca de sí mismas.

Por si fuera poco… las autoridades escolares tienen la costumbre de contactar a la madre antes que al padre ante cualquier eventualidad. Es la madre, por tanto, la que tiene que dar la cara en las escuelas. Es ella quien recibe las quejas de la maestra. Además, el padre casi nunca asiste a las terapias psicológicas. Si un psicólogo identifica fallas en la crianza del niño, será la madre quien asuma la responsabilidad, y quizá la que se sienta juzgada al recibie la retroalimentación del profesional.

Creo que ya es tiempo de cambiar este paradigma. Existe violencia hacia la mujer en todo esto.

¿TDAH y/o autismo?

Muchos niños con TDAH tienen también algunos síntomas de autismo. 𝗦𝗼𝗻 𝗿𝗮𝗿𝗼𝘀 𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗮𝘀𝗼𝘀 «𝗽𝘂𝗿𝗼𝘀» 𝗱𝗲 𝗧𝗗𝗔𝗛. También sucede lo contrario, muchos niños con autismo también tienen algunos síntomas de déficit de atención, hiperactividad e impulsividad. 𝗦𝗼𝗻 𝗿𝗮𝗿𝗼𝘀 𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗮𝘀𝗼𝘀 «𝗽𝘂𝗿𝗼𝘀» 𝗱𝗲 𝗮𝘂𝘁𝗶𝘀𝗺𝗼.

Algunos niños con 𝗧𝗗𝗔𝗛 tienen también problemas para la comunicación, para la socialización y no fijan la mirada (hiperactividad ocular), sobre todo cuando son muy pequeños. También, algunos niños con 𝗧𝗗𝗔𝗛 suelen tener sensibilidad idiosincrásica o trastorno de la integración sensorial (𝗹𝗲𝘀 𝗺𝗼𝗹𝗲𝘀𝘁𝗮𝗻 𝗮𝗹𝗴𝘂𝗻𝗼𝘀 𝗿𝘂𝗶𝗱𝗼𝘀, 𝗮𝗹𝗴𝘂𝗻𝗼𝘀 𝘀𝗮𝗯𝗼𝗿𝗲𝘀 -𝗹𝗼 𝗰𝘂𝗮𝗹 𝗹𝗲𝘀 𝗹𝗹𝗲𝘃𝗮 𝗮 𝘀𝗲𝗿 𝗺𝘂𝘆 𝘀𝗲𝗹𝗲𝗰𝘁𝗶𝘃𝗼𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗿- 𝘆 𝗮𝗹𝗴𝘂𝗻𝗮𝘀 𝘁𝗲𝘅𝘁𝘂𝗿𝗮𝘀 -𝗹𝗲𝘀 𝗺𝗼𝗹𝗲𝘀𝘁𝗮𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗲𝘁𝗶𝗾𝘂𝗲𝘁𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗿𝗼𝗽𝗮-). De forma similar, los niños con 𝗮𝘂𝘁𝗶𝘀𝗺𝗼 suelen ser también 𝗺𝘂𝘆 𝗶𝗻𝗾𝘂𝗶𝗲𝘁𝗼𝘀, 𝗶𝗺𝗽𝘂𝗹𝘀𝗶𝘃𝗼𝘀 𝘆 𝗰𝗼𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗯𝗹𝗲𝗺𝗮𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗲𝗻𝗳𝗼𝗰𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗲𝗻 𝘂𝗻𝗮 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗶𝗱𝗮𝗱.

Ambos trastornos comparten síntomas que son «tierra de nadie», pues no forman parte de los criterios diagnósticos de ninguno de ellos, aunque son muy prevalentes, por ejemplo: los niños con estos trastornos tienen 𝗽𝗿𝗼𝗯𝗹𝗲𝗺𝗮𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗼𝗹𝗮𝗿 𝘀𝘂𝘀 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 (disregulación emocional), tienen 𝗽𝗿𝗼𝗯𝗹𝗲𝗺𝗮𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗼𝗹𝗮𝗿 𝘀𝘂 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝘁𝗮 𝗮𝗹𝗶𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿𝗶𝗮 (atracones) y tienen 𝗽𝗿𝗼𝗯𝗹𝗲𝗺𝗮𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗱𝗼𝗿𝗺𝗶𝗿 (inquietud ideatoria e hiperactividad nocturna).

Cada vez se reconoce más que 𝗹𝗮𝘀 𝗳𝗿𝗼𝗻𝘁𝗲𝗿𝗮𝘀 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗲𝗹 𝗧𝗗𝗔𝗛 𝘆 𝗲𝗹 𝗮𝘂𝘁𝗶𝘀𝗺𝗼 𝘀𝗼𝗻 𝗺𝘂𝘆 𝗱𝗶𝗳𝘂𝘀𝗮𝘀. Algunos niños llegan a cumplir criterios para ambos diagnósticos. No es raro que un niño reciba primero un diagnóstico y un tiempo después el otro.

La evaluación de estos niños no es algo sencillo. 𝗥𝗲𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗲 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝘆 𝗲𝘅𝗽𝗲𝗿𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗼𝗳𝗲𝘀𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 quien debe siempre tener en cuenta que el diagnóstico 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝗶𝗻𝗮𝗺𝗼𝘃𝗶𝗯𝗹𝗲 𝘆 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗿𝗲𝗽𝗹𝗮𝗻𝘁𝗲𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗲𝗻 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘂𝗹𝘁𝗮 𝘆 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗼 𝘁𝗮𝗻𝘁𝗼 𝗹𝗮𝘀 𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮𝘁𝗲𝗴𝗶𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝘁𝗿𝗮𝘁𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼.

Las familias pueden trastornarse como cualquier otro organismo

Por lo general, la familia representa un lugar seguro para muchas personas. Es un espacio en el que sus miembros pueden encontrar amor, comprensión, reconocimiento, apoyo, ayuda, sentido de pertenencia… y también ¿por qué no? humor y esparcimiento. La familia, como cualquier organismo o sistema, puede trastornarse, desequilibrarse, enfermarse, expresar síntomas… y dejar de proveer un adecuado soporte para sus miembros.

Esto tiene un impacto negativo en la salud mental de todos sus miembros, pero principalmente en los hijos. Ante este hecho, resulta de particular importancia que las instituciones que se dedican al cuidado de la salud mental (públicas o privadas) cuenten con servicios de terapia familiar.

Lo dramático del asunto es que la terapia familiar brilla por su ausencia en casi todas estos centros e instituciones. Y por si fuera poco, la inmensa mayoría de los psicólogos ¡prefieren especializarse en terapia individuales!

Ante este escenario… ¿habrá algo que pueda hacerse?