Aunque la intuición femenina o el 𝑠𝑒𝑥𝑡𝑜 𝑠𝑒𝑛𝑡𝑖𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑑𝑟𝑒 son un constructo pobremente estudiado por la ciencia, es por muchos bien sabido que una madre tiene la capacidad de detectar señales en su hijo que la 𝗽𝗼𝗻𝗲𝗻 𝗲𝗻 𝗮𝗹𝗲𝗿𝘁𝗮 sobre un posible problema en el 𝗻𝗲𝘂𝗿𝗼𝗱𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗼.
Conozco a muchas madres de familia que detectaron los primeros síntomas en un hijo con 𝗧𝗗𝗔𝗛 o 𝗮𝘂𝘁𝗶𝘀𝗺𝗼 mucho tiempo antes (¡a veces años!) de que el niño recibiera un diagnóstico formal. No es raro que algunas madres le expresen al pediatra sus inquietudes, pero éste solo las «tranquilice» 𝗺𝗶𝗻𝗶𝗺𝗶𝘇𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘀𝘂𝘀 𝗼𝗯𝘀𝗲𝗿𝘃𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 (por ejemplo: una madre puede expresar su preocupación por un hijo pequeño que no habla, sin que el médico derive al paciente con un especialista o inicie un protocolo de evaluación). También, es muy frecuente que el padre del niño, de forma similar al pediatra, 𝗺𝗶𝗻𝗶𝗺𝗶𝗰𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗼𝗯𝘀𝗲𝗿𝘃𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗺𝗮𝗱𝗿𝗲. Muchas veces el papá considera que el niño está muy chiqueado, o está muy consentido o que le hace falta mano dura, 𝗱𝗲𝘀𝗰𝗮𝗹𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗻𝗱𝗼 también las señales que 𝗹𝗮 𝗺𝘂𝗷𝗲𝗿 𝗽𝗲𝗿𝗰𝗶𝗯𝗲 𝗰𝗼𝗻 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿 𝗰𝗹𝗮𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱.
René Spitz, un reconocido tórico del desarrollo, expresó: «Estoy convencido de que una madre que cría percibe señales de las que nosotros no nos percatamos»
𝗙𝘂𝗲𝗻𝘁𝗲: Spitz, R. (2003). El primer año de vida del niño. México: Fondo de Cultura Económica.