La primera publicación sobre TDAH

El primer trabajo publicado en la literatura médica acerca de lo que hoy conocemos como TDAH, fue realizado por el muy distinguido pediatra británico George Frederic Still el 12 de abril de 1902. Desde entonces la investigación en torno a esta condición no ha parado y cada vez es más numerosa.
Han transcurrido ya 124 años y todavía nos enteramos de colegas pediatras que afirman que el TDAH no existe (sostienen que más bien los niños están muy «chiqueados» o los tienen muy «consentidos»), nunca realizan el diagnóstico y jamás derivan los casos sospechosos con un psiquiatra infantil. Hay pediatras que nunca en su vida han hecho una sola derivación con el psiquiatra infantil ¿Cuánto tiempo más debemos esperar para que los profesionales que atienden niños reconozcan esta condición? ¿otro siglo?
Recordemos que el TDAH genera gran malestar y sufrimiento no solo al paciente sino a toda su familia. En este sentido sus efectos son muy visibles, pero su reconocimiento por la comunidad médica aún se mantiene en una zona de invisibilidad.

TDAH: ¿Qué implica un tratamiento suficientemente exitoso?

Cuando un especialista prescribe un tratamiento a un niño con TDAH y tiene una buena respuesta, unos meses más tarde los padres suelen referir que su hijo es ahora un niño más feliz. Es en este momento cuando llegamos a tener la certeza de que el tratamiento es suficientemente exitoso.

Muchos niños con TDAH y otros trastornos mentales son más felices cuando reciben un tratamiento exitoso debido a que:

  1. Reciben menos regaños y menos comentarios negativos por parte de sus padres y maestros.
  2. Les cuesta menos trabajo realizar actividades que anteriormente postergaban.
  3. Se relacionan más fácilmente con otros niños y comienzan a tener más amiguitos.
  4. Tienen un mejor manejo de sus emociones y baja mucho el llanto y la irritabilidad.
  5. Están más dispuestos a ser cariñosos y brindar afecto a las personas cercanas a ellos, en vez de ser hostiles o desafiantes.
  6. Se angustian menos si las cosas no salen como ellos querían.
  7. Comienzan a sentirse apreciados y valiosos en su comunidad lo cual fortalece su autoestima.
  8. Están más dispuestos a aceptar nuevos retos (como participar en una obra de teatro, en alguna competencia, o decir unas palabras en algún evento de la escuela).
  9. Son capaces de tomar mejores decisiones.
  10. Aprenden gradualmente a confiar más en el futuro.

El sexto sentido de una madre

Aunque la intuición femenina o el 𝑠𝑒𝑥𝑡𝑜 𝑠𝑒𝑛𝑡𝑖𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑑𝑟𝑒 son un constructo pobremente estudiado por la ciencia, es por muchos bien sabido que una madre tiene la capacidad de detectar señales en su hijo que la 𝗽𝗼𝗻𝗲𝗻 𝗲𝗻 𝗮𝗹𝗲𝗿𝘁𝗮 sobre un posible problema en el 𝗻𝗲𝘂𝗿𝗼𝗱𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗼.

Conozco a muchas madres de familia que detectaron los primeros síntomas en un hijo con 𝗧𝗗𝗔𝗛 o 𝗮𝘂𝘁𝗶𝘀𝗺𝗼 mucho tiempo antes (¡a veces años!) de que el niño recibiera un diagnóstico formal. No es raro que algunas madres le expresen al pediatra sus inquietudes, pero éste solo las «tranquilice» 𝗺𝗶𝗻𝗶𝗺𝗶𝘇𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘀𝘂𝘀 𝗼𝗯𝘀𝗲𝗿𝘃𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 (por ejemplo: una madre puede expresar su preocupación por un hijo pequeño que no habla, sin que el médico derive al paciente con un especialista o inicie un protocolo de evaluación). También, es muy frecuente que el padre del niño, de forma similar al pediatra, 𝗺𝗶𝗻𝗶𝗺𝗶𝗰𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗼𝗯𝘀𝗲𝗿𝘃𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗺𝗮𝗱𝗿𝗲. Muchas veces el papá considera que el niño está muy chiqueado, o está muy consentido o que le hace falta mano dura, 𝗱𝗲𝘀𝗰𝗮𝗹𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗻𝗱𝗼 también las señales que 𝗹𝗮 𝗺𝘂𝗷𝗲𝗿 𝗽𝗲𝗿𝗰𝗶𝗯𝗲 𝗰𝗼𝗻 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿 𝗰𝗹𝗮𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱.

René Spitz, un reconocido tórico del desarrollo, expresó: «Estoy convencido de que una madre que cría percibe señales de las que nosotros no nos percatamos»

𝗙𝘂𝗲𝗻𝘁𝗲: Spitz, R. (2003). El primer año de vida del niño. México: Fondo de Cultura Económica.