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Temperamento difícil y neurodesarrollo

El temperamento difícil -como su nombre lo indica- es algo muy difícil de modificar. Con frecuencia, las estrategias de crianza encaminadas a que los niños logren un mejor control de su enojo y frustración son insuficientes. Los años de la crianza son en realidad pocos para una condición que tiene un trasfondo neurobiológico. No es raro que estos niños, al convertirse en adultos, sigan lidiando con su temperamento. Son ahora la pareja, los hijos, ¡y ellos mismos! quienes experimentan las consecuencias negativas de esta condición. A veces, es hasta la vejez que estas personas logran modular sus reacciones emocionales. Si bien es cierto que el envejecimiento puede implicar dificultades emocionales y físicas, los adultos mayores desarrollan una mayor capacidad para la regulación emocional. Por supuesto que no suena nada atractivo esperar tanto tiempo para lograr este control, pero la psiquiatría moderna aún no incluye el temperamento difícil como una categoría diagnóstica, susceptible de ser tratada.

Un punto que vale la pena mencionar es que el temperamento difícil puede ser una manifestación sintomática del TDAH o del trastorno del espectro autista. En estos casos, los tratamientos farmacológicos pueden hacer una diferencia.

TDAH y autocontrol

Los niños con TDAH y otros trastornos del neurodesarrollo tienen muchas dificultades para ejercer el 𝘢𝘶𝘵𝘰𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘰𝘭, el cual no es otra cosa que el freno de la maquinaria.

Esta falla en el autocontrol lleva a que los padres compensen controlando la conducta del niño 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘢𝘧𝘶𝘦𝘳𝘢. Esto genera dos cosas:

1. Niños más regañados, más castigados y con más llamadas de atención -con impacto en su autoconcepto y por tanto en su autoestima, «soy un niño malo», «no sirvo», «tengo mente de teflón», «no se me da el estudio»-

2. Un mayor conflicto en la relación madre/padre-hijo. El descontrol conductual del niño puede mantener bajo mucha tensión la relación con sus padres e incluso puede llegar a dañarla para siempre -«mi papá siempre estaba enojado conmigo», «mi mamá nunca confió en mí»-

El TDAH logra engañar a muchos…

El TDAH logra engañar a muchos psicólogos y psiquiatras haciéndoles creer que la conducta de estos niños está expresando los conflictos de los padres, o su dificultad para establecer límites. Las madres no se cansan de escuchar «…tienes que ponerle límites al niño, tienes que ser firme».

El TDAH puede confundir a un terapeuta familiar y hacerle creer que un niño se porta mal porque hay problemas en su casa.

El TDAH puede confundir a los padres de familia al hacerles creer que están educando de forma incorrecta a sus hijos.

El TDAH puede hacer creer a los maestros que los niños son flojos y que no les inculcan hábitos de estudio en casa.

El TDAH puede aparentar ser muchas cosas…

Sin embargo, lo que la ciencia ha podido demostrar es que se trata de un trastorno del neurodesarrollo.