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Cuando poner límites no funciona…

Los niños que tienen algún 𝘁𝗿𝗮𝘀𝘁𝗼𝗿𝗻𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗻𝗲𝘂𝗿𝗼𝗱𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗼 (𝗱𝗶𝘀𝗰𝗮𝗽𝗮𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗹𝗲𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹, 𝘁𝗿𝗮𝘀𝘁𝗼𝗿𝗻𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗰𝘁𝗿𝗼 𝗮𝘂𝘁𝗶𝘀𝘁𝗮 o TDAH) suelen 𝗲𝗺𝗽𝗲𝗼𝗿𝗮𝗿 cuando sus padres les ponen límites. Esta puede ser una característica a tomar en cuenta 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝘀𝗮𝗯𝗲 si el niño tiene un problema relacionado con la 𝗰𝗿𝗶𝗮𝗻𝘇𝗮 o se trata de algún 𝘁𝗿𝗮𝘀𝘁𝗼𝗿𝗻𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗻𝗲𝘂𝗿𝗼𝗱𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗼.
Los niños con estos trastornos suelen ser 𝗶𝗻𝗳𝗹𝗲𝘅𝗶𝗯𝗹𝗲𝘀, 𝗲𝘅𝗽𝗹𝗼𝘀𝗶𝘃𝗼𝘀 𝘆 𝗰𝗼𝗻 𝗳𝗮𝗹𝗹𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗮𝘂𝘁𝗼𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗼𝗹. No son capaces de frenar sus reacciones, ni de medir el impacto que éstas generan en otros o incluso en ellos mismos (previsión). 𝗣𝗮𝗿𝗲𝗰𝗲 𝗻𝗼 𝗶𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗿𝗹𝗲𝘀 𝗹𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗲𝗰𝘂𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗻. Debido a esto su 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝘁𝗮 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗲𝗺𝗽𝗲𝗼𝗿𝗮𝗿 cuando se les ponen límites.
Los padres, ante esta situación, se sienten 𝗰𝗼𝗻𝗳𝘂𝗻𝗱𝗶𝗱𝗼𝘀 pues no saben si deben seguir fijando límites -aumentando la tensión familiar- o 𝗱𝗲𝗯𝗲𝗻 𝗰𝗲𝗱𝗲𝗿 𝘂𝗻 𝗽𝗼𝗰𝗼 𝘆 𝗯𝘂𝘀𝗰𝗮𝗿 𝗲𝘃𝗶𝘁𝗮𝗿 𝗮 𝘁𝗼𝗱𝗮 𝗰𝗼𝘀𝘁𝗮 𝗹𝗮𝘀 𝗱𝗲𝘁𝗼𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀. Todo esto sucede mientras las 𝗺𝗶𝗿𝗮𝗱𝗮𝘀 y las críticas de amigos o familiares están 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗲𝗹𝗹𝗼𝘀.

¡Nunca falta un comentario negativo!

Cuando los padres aceptan que un especialista prescriba un fármaco para mejorar la conducta de su hijo, es común que se enfrenten a comentarios negativos provenientes generalmente de un 𝗳𝗮𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮𝗿 𝗰𝗲𝗿𝗰𝗮𝗻𝗼 (una abuelita, un tío…), de un amigo, de algún vecino, o incluso ¡del médico de la familia!:
«no dejes que le den medicamento al niño… te lo van a drogar, ese medicamento tiene a los niños drogados, como zombis».
El hecho de que estos comentarios sean expresados por personas en quienes los padres confían, los llena de culpa y confusión. A veces, la maestra que sugirió a los padres que llevaran al niño con un especialista también manifiesta su desacuerdo en que el niño sea medicado.

TDAH y matrimonio

Hoy en día persiste la idea equivocada de que el TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad) es una condición que afecta únicamente a niños y adolescentes. De hecho, aún encontramos profesionales de la salud mental que afirman que el TDAH no existe. Se cree que el TDAH es una invención de la industria farmacéutica para enriquecerse con la demanda de psicofármacos. La evidencia científica ha demostrado, no solo la realidad clínica del TDAH, sino su persistencia en la edad adulta. El TDAH no solamente es un problema de niños, también lo es de adultos… y por tanto, de las parejas.
Las dificultades para enfocarse en una actividad, las fallas en la capacidad de previsión, los problemas en la organización del tiempo y el adecuado manejo de las finanzas personales y familiares son síntomas comunes en adultos con TDAH. Los adultos con esta condición pueden ser inestables en su actividad laboral y también en sus relaciones interpersonales. A esto puede sumarse una dificultad para el adecuado manejo de las emociones (enojo, ira, tristeza) así como expresiones de impulsividad que deterioran la relación de pareja. En los casos más graves puede presentarse la violencia. No es raro que algunos de estos adultos reciban primero el diagnóstico de trastorno límite de la personalidad.
La estadística nos ha mostrado que un adulto que tiene TDAH tiene el doble de probabilidades de divorciarse en comparación con una persona que no lo padece. Además, se estima que cerca del 60 % de las relaciones de pareja en las que un miembro padece TDAH son disfuncionales. Esto conlleva dificultades en toda la dinámica familiar, impactando negativamente el desarrollo de los hijos.
En la actualidad contamos con tratamientos seguros y eficaces para el manejo del TDAH en cualquier grupo de edad. También, se han diseñado estrategias para trabajar con parejas y familias que conviven con esta condición.