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Pantallas y tolerancia al aburrimiento

En años recientes, son cada vez más notorias las dificultades de los niños y adolescentes para tolerar el aburrimiento sin sentir el impulso por usar una pantalla. A veces, no es exactamente aburrimiento sino simplemente el hecho de enfrentarse a no hacer nada por algún momento, a veces minutos. Esto es más común observarlo en niños con TDAH. Aunque muchos padres están en contra de que sus hijos pequeños tengan un celular propio, en la práctica esta medida resulta irrelevante pues son ellos quienes le facilitan su propio celular al hijo. Esto es más frecuente cuando el niño se queja de aburrimiento. Quizá nunca antes una generación de padres se había sentido tan involucrada en atender y evitar el aburrimiento de sus hijos como sucede ahora. Posiblemente, en nuestra sociedad flota en el aire la idea de que está mal aburrirse, o no hacer nada, y que debemos buscar algo que nos mantenga entretenidos.
Cuando los padres preguntan al médico a qué edad recomienda que un niño tenga su propio celular, la respuesta casi siempre resulta impráctica. Habitualmente los niños tienen ya un tiempo de exposición a pantallas muy por encima de los límites propuestos por asociaciones u organismos que velan por la salud y el bienestar infantil.
Con la reciente aceptación, por la Organización Mundial de la Salud, del 𝘨𝘢𝘮𝘪𝘯𝘨 𝘥𝘪𝘴𝘰𝘳𝘥𝘦𝘳 (adicción a los videojuegos) en su lista de enfermedades mentales, la relación de los dispositivos electrónicos con la salud infantil ha adquirido mucho más relevancia.
Si facilitar un dispositivo electrónico a un niño, puede llevarle a desarrollar un patrón de dependencia -que incluya 𝘤𝘳𝘢𝘷𝘪𝘯𝘨 y síndrome de abstinencia- tal como sucede con una droga psicoactiva, entonces… el asunto de las pantallas es muchísimo más delicado de lo que creíamos.

Madres, crianza y culpabilidad

La mujeres tienen una posición difícil al ejercer la crianza de los hijos, sobre todo si uno de ellos tiene problemas para regular su conducta (por ejemplo, en casos de TDAH). Normalmente, el papá suelen desentenderse un poco más de todo esto. Se asume por lo general que la educación, la crianza y la salud de los niños es asunto de las mujeres.

A menudo las madres se sienten culpables si sus hijos se portan mal en casa o si les va mal en la escuela. Con frecuencia se preguntan si están haciendo bien las cosas, o si son buenas madres. El papá, en cambio, rara vez se siente culpable por esto, y no se cuestiona si estará haciendo algo mal en su papel de padre. Casi nunca llega a pensar que es un mal padre. Más bien, el padre suele culpar a la madre por la mala conducta de los hijos, lo cual termina generando problemas en la relación de pareja y reforzando las ideas negativas que estas mujeres tienen acerca de sí mismas.

Por si fuera poco… las autoridades escolares tienen la costumbre de contactar a la madre antes que al padre ante cualquier eventualidad. Es la madre, por tanto, la que tiene que dar la cara en las escuelas. Es ella quien recibe las quejas de la maestra. Además, el padre casi nunca asiste a las terapias psicológicas. Si un psicólogo identifica fallas en la crianza del niño, será la madre quien asuma la responsabilidad, y quizá la que se sienta juzgada al recibie la retroalimentación del profesional.

Creo que ya es tiempo de cambiar este paradigma. Existe violencia hacia la mujer en todo esto.

¿Demasiado tiempo en la escuela?

Sin duda, bien podrían existir escuelas donde los niños asistieran únicamente 3 días a la semana por solo 3 o 4 horas, que lograran un nivel académico similar o superior al que alcanzan los niños que asisten a escuelas de lunes a viernes por 6 a 8 horas diarias. Es bien sabido que en casi todas las escuelas suele haber mucho tiempo muerto, tiempo de ocio o tiempo mal aprovechado.
No todo es en beneficio del menor. La escuela, como una estructura social, no solo cumple la función de brindar educación y promover el desarrollo de los niños, sino también cumple con la función de liberar a los padres del cuidado infantil por varias horas al día. Esto garantiza que los adultos que son padres puedan seguir moviendo los engranes de la sociedad, y derivado de esto, asegurar el sustento familiar.
Las escuelas de tiempo completo surgen precisamente buscando alcanzar este objetivo. Por supuesto, la narrativa que se maneja frente al niño girará siempre en torno a sus propios intereses y a su bienestar presente o futuro, nunca en función de los intereses del adulto. Vale la pena señalar que esta función no solo recae en las escuelas, sino también en una amplia oferta de actividades vespertinas infantiles (deportivas, sociales, culturales) que mantienen a los niños muy ocupados y fuera de su casa.
Algunos padres argumentan que la única estrategia para controlar el uso de pantallas es manteniendo a sus hijos lejos de la casa. Además, el aburrimiento de algunos niños suele tener un peso importante en la conducta de sus padres.  ¿Debe ser esta una pauta en el manejo del TDAH? ¿Se benefician los niños de tantas horas dentro de una escuela y de otras tantas en actividades extra escolares? ¿Pasar tiempo en casa resulta hoy en día perjudicial?