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El sexto sentido de una madre

Aunque la intuición femenina o el 𝑠𝑒𝑥𝑡𝑜 𝑠𝑒𝑛𝑡𝑖𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑑𝑟𝑒 son un constructo pobremente estudiado por la ciencia, es por muchos bien sabido que una madre tiene la capacidad de detectar señales en su hijo que la 𝗽𝗼𝗻𝗲𝗻 𝗲𝗻 𝗮𝗹𝗲𝗿𝘁𝗮 sobre un posible problema en el 𝗻𝗲𝘂𝗿𝗼𝗱𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗼.

Conozco a muchas madres de familia que detectaron los primeros síntomas en un hijo con 𝗧𝗗𝗔𝗛 o 𝗮𝘂𝘁𝗶𝘀𝗺𝗼 mucho tiempo antes (¡a veces años!) de que el niño recibiera un diagnóstico formal. No es raro que algunas madres le expresen al pediatra sus inquietudes, pero éste solo las «tranquilice» 𝗺𝗶𝗻𝗶𝗺𝗶𝘇𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘀𝘂𝘀 𝗼𝗯𝘀𝗲𝗿𝘃𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 (por ejemplo: una madre puede expresar su preocupación por un hijo pequeño que no habla, sin que el médico derive al paciente con un especialista o inicie un protocolo de evaluación). También, es muy frecuente que el padre del niño, de forma similar al pediatra, 𝗺𝗶𝗻𝗶𝗺𝗶𝗰𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗼𝗯𝘀𝗲𝗿𝘃𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗺𝗮𝗱𝗿𝗲. Muchas veces el papá considera que el niño está muy chiqueado, o está muy consentido o que le hace falta mano dura, 𝗱𝗲𝘀𝗰𝗮𝗹𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗻𝗱𝗼 también las señales que 𝗹𝗮 𝗺𝘂𝗷𝗲𝗿 𝗽𝗲𝗿𝗰𝗶𝗯𝗲 𝗰𝗼𝗻 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿 𝗰𝗹𝗮𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱.

René Spitz, un reconocido tórico del desarrollo, expresó: «Estoy convencido de que una madre que cría percibe señales de las que nosotros no nos percatamos»

𝗙𝘂𝗲𝗻𝘁𝗲: Spitz, R. (2003). El primer año de vida del niño. México: Fondo de Cultura Económica.

Pantallas y tolerancia al aburrimiento

En años recientes, son cada vez más notorias las dificultades de los niños y adolescentes para tolerar el aburrimiento sin sentir el impulso por usar una pantalla. A veces, no es exactamente aburrimiento sino simplemente el hecho de enfrentarse a no hacer nada por algún momento, a veces minutos. Esto es más común observarlo en niños con TDAH. Aunque muchos padres están en contra de que sus hijos pequeños tengan un celular propio, en la práctica esta medida resulta irrelevante pues son ellos quienes le facilitan su propio celular al hijo. Esto es más frecuente cuando el niño se queja de aburrimiento. Quizá nunca antes una generación de padres se había sentido tan involucrada en atender y evitar el aburrimiento de sus hijos como sucede ahora. Posiblemente, en nuestra sociedad flota en el aire la idea de que está mal aburrirse, o no hacer nada, y que debemos buscar algo que nos mantenga entretenidos.
Cuando los padres preguntan al médico a qué edad recomienda que un niño tenga su propio celular, la respuesta casi siempre resulta impráctica. Habitualmente los niños tienen ya un tiempo de exposición a pantallas muy por encima de los límites propuestos por asociaciones u organismos que velan por la salud y el bienestar infantil.
Con la reciente aceptación, por la Organización Mundial de la Salud, del 𝘨𝘢𝘮𝘪𝘯𝘨 𝘥𝘪𝘴𝘰𝘳𝘥𝘦𝘳 (adicción a los videojuegos) en su lista de enfermedades mentales, la relación de los dispositivos electrónicos con la salud infantil ha adquirido mucho más relevancia.
Si facilitar un dispositivo electrónico a un niño, puede llevarle a desarrollar un patrón de dependencia -que incluya 𝘤𝘳𝘢𝘷𝘪𝘯𝘨 y síndrome de abstinencia- tal como sucede con una droga psicoactiva, entonces… el asunto de las pantallas es muchísimo más delicado de lo que creíamos.

Madres, crianza y culpabilidad

La mujeres tienen una posición difícil al ejercer la crianza de los hijos, sobre todo si uno de ellos tiene problemas para regular su conducta (por ejemplo, en casos de TDAH). Normalmente, el papá suelen desentenderse un poco más de todo esto. Se asume por lo general que la educación, la crianza y la salud de los niños es asunto de las mujeres.

A menudo las madres se sienten culpables si sus hijos se portan mal en casa o si les va mal en la escuela. Con frecuencia se preguntan si están haciendo bien las cosas, o si son buenas madres. El papá, en cambio, rara vez se siente culpable por esto, y no se cuestiona si estará haciendo algo mal en su papel de padre. Casi nunca llega a pensar que es un mal padre. Más bien, el padre suele culpar a la madre por la mala conducta de los hijos, lo cual termina generando problemas en la relación de pareja y reforzando las ideas negativas que estas mujeres tienen acerca de sí mismas.

Por si fuera poco… las autoridades escolares tienen la costumbre de contactar a la madre antes que al padre ante cualquier eventualidad. Es la madre, por tanto, la que tiene que dar la cara en las escuelas. Es ella quien recibe las quejas de la maestra. Además, el padre casi nunca asiste a las terapias psicológicas. Si un psicólogo identifica fallas en la crianza del niño, será la madre quien asuma la responsabilidad, y quizá la que se sienta juzgada al recibie la retroalimentación del profesional.

Creo que ya es tiempo de cambiar este paradigma. Existe violencia hacia la mujer en todo esto.