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El TDAH es un trastorno de 24 horas

El TDAH es un trastorno de 24 horas. Muchos niños con TDAH padecen síntomas nocturnos. Esto se debe a que la hiperactividad puede estar presente las 24 horas (hiperactividad diurna y nocturna). Los niños con TDAH tienen dificultades para «apagar motores» e ir a la cama. Muchos de ellos jamás duermen siestas.

Con frecuencia se cree que estos niños padecen «insomnio» y reciben melatonina o risperidona para poder dormir, pero este síntoma no es algo independiente, ¡es parte del TDAH!

En general muchos niños hiperactivos duermen mal y son inquietos estando dormidos. Algunos niños pequeños con TDAH se levantan de la cama a mitad de la noche y comienzan a hacer actividades como si fuese de día. En el caso de adolescentes y adultos con frecuencia su mente sigue trabajando hasta muy tarde y sienten que no pueden dejar de pensar (inquietud ideatoria).

Algunas personas con TDAH se autodenominan 𝘰𝘷𝘦𝘳𝘵𝘩𝘪𝘯𝘬𝘦𝘳𝘴 (pensadores excesivos o sobre pensadores). Su mente simplemente no para.

Muchos padres de niños con TDAH rechazan la medicación

Muchos padres de niños con TDAH rechazan o aplazan la medicación debido a que creen que sus hijos recibirán un tranquilizante que los mantendrá sedados, «zombis» o poco reactivos al medio.
Algunos padres llegan a creer que el medicamento le quitará la personalidad al niño.
Para empezar, no se usan tranquilizantes ni sedantes para tratar el TDAH. Además, ninguno de estos efectos tan temidos por los padres debería de presentarse si el niño recibe un tratamiento adecuado y un estrecho seguimiento por parte de un especialista competente.
Cuando los niños reciben un tratamiento tardío debido a estas creencias, los padres reconocen que podrían haberse ahorrado años de sufrimiento para toda la familia.
Ojo con este tema.

TDAH y autocontrol

Los niños con TDAH y otros trastornos del neurodesarrollo tienen muchas dificultades para ejercer el 𝘢𝘶𝘵𝘰𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘰𝘭, el cual no es otra cosa que el freno de la maquinaria.

Esta falla en el autocontrol lleva a que los padres compensen controlando la conducta del niño 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘢𝘧𝘶𝘦𝘳𝘢. Esto genera dos cosas:

1. Niños más regañados, más castigados y con más llamadas de atención -con impacto en su autoconcepto y por tanto en su autoestima, «soy un niño malo», «no sirvo», «tengo mente de teflón», «no se me da el estudio»-

2. Un mayor conflicto en la relación madre/padre-hijo. El descontrol conductual del niño puede mantener bajo mucha tensión la relación con sus padres e incluso puede llegar a dañarla para siempre -«mi papá siempre estaba enojado conmigo», «mi mamá nunca confió en mí»-